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Tendinitis Manguito Rotador Traumatólogo Granada Dr Eugenio Díaz

 

 

El hombro es una de las articulaciones más versátiles y móviles del cuerpo humano. Gracias a ella, podemos realizar movimientos tan cotidianos como levantar objetos por encima de la cabeza, rotar el brazo o participar en actividades deportivas y laborales que requieren gran destreza. Sin embargo, esta gran movilidad conlleva cierta inestabilidad, lo cual hace que el hombro sea más propenso a lesiones y sobrecargas, entre las que destaca la tendinitis del manguito rotador.

La tendinitis del manguito rotador se traduce en una inflamación o irritación de los tendones que componen este conjunto de músculos alrededor de la cabeza del húmero. Cuando se inflaman o se degeneran, el dolor y la dificultad de movimiento pueden llegar a ser muy intensos, afectando la calidad de vida de quienes lo padecen. Por suerte, los avances científicos de los últimos años han permitido refinar las técnicas diagnósticas, los tratamientos y la rehabilitación de esta lesión, mejorando notablemente la recuperación de los pacientes.

En este artículo, te ofrecemos una guía completa y actualizada con la que podrás comprender mejor las causas, los síntomas, el diagnóstico y los tratamientos de la tendinitis del manguito rotador. Además, proporcionamos pautas de prevención y ejercicios de rehabilitación respaldados por la evidencia científica más reciente. ¡Empecemos!


Tabla de Contenido

Índice

  1. Conceptos fundamentales y anatomía del manguito rotador
  2. Causas de la tendinitis del manguito rotador
  3. Factores de riesgo y población más afectada
  4. Síntomas y manifestaciones clínicas
  5. Diagnóstico: exploración física y pruebas complementarias
  6. Opciones de tratamiento: desde lo conservador hasta la cirugía
  7. Rehabilitación y fisioterapia
  8. Nuevos abordajes terapéuticos y avances en la investigación
  9. Prevención: hábitos y ejercicios recomendados
  10. Preguntas frecuentes de los pacientes
  11. Conclusión

1. Conceptos fundamentales y anatomía del manguito rotador

El manguito rotador está constituido por cuatro músculos y sus tendones correspondientes: el supraespinoso, el infraespinoso, el redondo menor y el subescapular. Estos se originan en la escápula y se insertan en la cabeza del húmero, formando una estructura en forma de “manguito” alrededor de la articulación del hombro. Su función es crucial:

  • Estabilizar la cabeza del húmero dentro de la cavidad glenoidea de la escápula.
  • Permitir el movimiento rotacional y de elevación del brazo.

Cuando hablamos de “tendinitis del manguito rotador”, nos referimos habitualmente a la inflamación del tendón del supraespinoso, el músculo más frecuentemente afectado. Sin embargo, cualquier tendón de este conjunto puede verse implicado.

La bibliografía reciente describe una evolución patológica en los tendones del manguito que va de la inflamación aguda a la degeneración crónica, denominada “tendinosis”, donde se evidencian cambios estructurales en el colágeno y en la celularidad del tendón. La tendinitis es la fase en la que predomina la inflamación, mientras que la tendinosis suele implicar una pérdida de la estructura normal del tendón, con menos inflamación activa pero más daño degenerativo.


2. Causas de la tendinitis del manguito rotador

Los estudios recientes señalan que las causas de la tendinitis del manguito rotador se pueden agrupar en:

  1. Sobrecarga y movimientos repetitivos:
    • Actividades laborales que requieren elevaciones repetidas del brazo.
    • Deportes como tenis, natación, béisbol o pádel, donde existe un uso intensivo de la articulación del hombro.
  2. Desequilibrios biomecánicos:
    • Mala postura o alteraciones en la cintura escapular que generan un pinzamiento subacromial crónico.
    • Disbalances musculares entre la porción anterior y posterior del hombro.
  3. Factores intrínsecos del tendón:
    • Cambios degenerativos propios del envejecimiento (menor vascularización y menor capacidad de regeneración).
    • Microtraumatismos de repetición.
  4. Factores extrínsecos:
    • Formas anatómicas de la escápula y acromion (acromion tipo II o III).
    • Patrones de pinzamiento subacromial.
  5. Traumatismos agudos:
    • Caídas o golpes directos sobre el hombro que ocasionen daño tendinoso súbito.

En la mayoría de los casos, el origen de la tendinitis es multifactorial. Cuando se combinan varios de estos factores, aumentan considerablemente las probabilidades de desarrollar lesiones crónicas en el manguito rotador.


3. Factores de riesgo y población más afectada

Existen grupos poblacionales con mayor susceptibilidad:

  • Adultos de mediana y avanzada edad (a partir de 40-50 años), debido a los cambios degenerativos del tendón.
  • Deportistas que realizan movimientos repetitivos por encima de la cabeza.
  • Trabajadores manuales (pintores, carpinteros, mecánicos) que continuamente elevan los brazos.
  • Personas con mala postura o alteraciones anatómicas (acromion en forma de gancho).
  • Fumadores o pacientes con problemas metabólicos (diabetes) que influyen en la capacidad de cicatrización del tendón.

4. Síntomas y manifestaciones clínicas

La clínica principal gira en torno a:

  1. Dolor en el hombro:
    • Localizado en la cara anterolateral o en la parte superior del brazo.
    • Agravado con movimientos de elevación y abducción (especialmente entre 60° y 120°).
    • A veces se irradia hacia el bíceps braquial.
  2. Limitación del rango de movimiento:
    • Dificultad para realizar gestos cotidianos, como peinarse o vestirse.
    • Pérdida de la fuerza en la abducción o rotación externa del brazo.
  3. Dolor nocturno:
    • Interrupción del sueño al apoyar el hombro lesionado.
    • Suele ser un síntoma típico en fase aguda.
  4. Crepitaciones o chasquidos:
    • Sensación de roce cuando el tendón inflamado se desliza bajo el acromion.

En fases avanzadas, el dolor puede volverse crónico y afectar la calidad de vida del paciente, generando frustración y limitaciones significativas en sus actividades diarias.


5. Diagnóstico: exploración física y pruebas complementarias

El diagnóstico se basa en la combinación de la historia clínica, la exploración física y las pruebas de imagen

Exploración física:

  • Test de Neer y Test de Hawkins-Kennedy para valorar el pinzamiento subacromial.
  • Test de Jobe (o del supraespinoso) para evidenciar lesión del tendón del supraespinoso.
  • Rotación externa e interna contra resistencia para diferenciar tendinopatías del infraespinoso/subescapular.

Pruebas de imagen:

  • Radiografía simple: puede mostrar alteraciones óseas como un acromion en gancho (tipo III).
  • Ecografía: útil para detectar engrosamientos o rupturas parciales de los tendones.
  • Resonancia magnética (RM): considerada la prueba más precisa para evaluar la integridad del tendón, el grado de inflamación y la presencia de roturas.
  • Artro-RM: se realiza en casos complejos o sospechas de roturas pequeñas no visibles en la RM convencional.

El examen clínico exhaustivo es determinante para diferenciar la tendinitis de otras patologías como la capsulitis adhesiva (hombro congelado) o la artrosis glenohumeral.


6. Opciones de tratamiento: desde lo conservador hasta la cirugía

Las alternativas terapéuticas para la tendinitis del manguito rotador se extienden en un amplio espectro que va desde medidas conservadoras hasta intervenciones quirúrgicas. La elección del tratamiento depende de factores como la severidad de la lesión, la duración de los síntomas, la edad y el nivel de actividad física del paciente. Las guías y revisiones destacan la importancia de iniciar con terapias no invasivas y evolucionar hacia procedimientos más avanzados solo cuando el paciente no responde de manera satisfactoria al tratamiento inicial.

6.1. Tratamiento conservador inicial

  1. Reposo relativo y adaptación de la actividad
    • El primer paso consiste en reducir o evitar aquellas actividades que agravan el dolor, especialmente los movimientos repetitivos por encima de la cabeza.
    • Se aconseja mantener un nivel de actividad moderado para evitar la rigidez articular. Es mejor un reposo selectivo en lugar de la inactividad total.
  2. Crioterapia o calor local
    • En fases inflamatorias agudas, la aplicación de frío (compresas frías) puede ayudar a aliviar el dolor y disminuir la inflamación.
    • En lesiones subagudas o crónicas, a veces se usa calor local para relajar la musculatura y favorecer la vascularización, siempre bajo supervisión y con un protocolo individualizado.
  3. Fármacos antiinflamatorios y analgésicos
    • Los AINEs (Antiinflamatorios No Esteroideos) suelen ser empleados con frecuencia.
    • Los AINEs ofrecen un alivio sintomático en fases iniciales, si bien su eficacia puede disminuir en tendinopatías crónicas o degenerativas.
    • El uso de analgésicos simples (paracetamol) puede ser beneficioso cuando existen contraindicaciones para los antiinflamatorios (por ejemplo, problemas gastrointestinales).
  4. Infiltraciones con corticosteroides
    • Constituyen un recurso cuando el dolor no responde a las medidas más básicas.
    • Evaluando eficacia de las infiltraciones de corticosteroides, se ha evidenciado un alivio del dolor en el corto plazo, especialmente en tendinitis agudas o subagudas.
    • Sin embargo, un uso excesivo de infiltraciones puede conducir a efectos secundarios locales, como debilidad tendinosa, y a más largo plazo, incrementar el riesgo de rotura tendinosa.
  5. Vendajes, órtesis o inmovilizaciones ligeras
    • En algunos casos, pueden emplearse cabestrillos o vendajes funcionales para limitar ciertos movimientos dolorosos. No obstante, no se recomienda un inmovilizador prolongado, pues puede conducir a rigidez del hombro y enlentecer la rehabilitación.

6.2. Fisioterapia y rehabilitación temprana (pincelada general)

Aunque la fisioterapia se trata en profundidad en el apartado siguiente, es fundamental resaltar que la rehabilitación temprana forma parte del tratamiento conservador. Los programas de ejercicios supervisados e individualizados pueden marcar la diferencia en la evolución del paciente, mejorando la función del hombro y disminuyendo el dolor.

6.3. Terapias biológicas y avances en la medicina regenerativa

  1. Plasma Rico en Plaquetas (PRP)
    • La infiltración de PRP tiene como objetivo promover la cicatrización, aportando una elevada concentración de factores de crecimiento.
    • Comparando la eficacia del PRP frente a infiltraciones de corticosteroides y tratamientos convencionales, se evidencia una mejoría significativa del dolor y la función a mediano plazo en pacientes con tendinopatías crónicas. Sin embargo, se necesitan más estudios para estandarizar dosis, frecuencia de aplicación y perfiles concretos de pacientes candidatos.
  2. Factores de crecimiento y células madre
    • Revisando estrategias que combinan factores de crecimiento específicos (por ejemplo, factor de crecimiento derivado de plaquetas, factor de crecimiento epidérmico, etc.) y células madre mesenquimales para regenerar el tejido tendinoso.
    • Si bien los resultados son prometedores en estudios preclínicos y ensayos iniciales, aún son necesarias investigaciones a gran escala que avalen su efectividad y seguridad a largo plazo.
  3. Otros tratamientos emergentes
    • También se están desarrollando terapias de vanguardia, como la nanotecnología y los biomateriales (membranas de colágeno o polímeros) que se colocan en el sitio de la lesión para favorecer la regeneración del tendón. Aunque todavía son abordajes experimentales, pueden consolidarse en el futuro como alternativas viables.

6.4. Ondas de choque extracorpóreas (ESWT)

La aplicación de ondas de choque extracorpóreas (ESWT) en la tendinitis del manguito rotador señala que estas pueden romper las calcificaciones, mejorar la vascularización y disminuir el dolor en tendinopatías crónicas. Su efectividad es variable dependiendo de la cronicidad y la gravedad de la lesión, así como de la dosis y el tipo de dispositivo utilizado. Se sugiere un protocolo de varias sesiones (generalmente entre 3 y 5) con un lapso de una a dos semanas entre sesiones.

6.5. Cirugía artroscópica y reparaciones abiertas

Cuando el paciente no responde a los tratamientos conservadores o se detecta una rotura significativa (por ejemplo, a través de RM o ecografía), la opción quirúrgica toma relevancia. Las técnicas actuales incluyen:

  1. Artroscopia de hombro
    • Permite una visión detallada del manguito rotador y la realización de procedimientos terapéuticos (descompresión subacromial, reparación de roturas parciales o totales, etc.).
    • El procedimiento artroscópico ofrece un tiempo de recuperación menor y menos dolor posoperatorio en comparación con la cirugía abierta.
  2. Reconstrucción del tendón
    • Para roturas masivas, se pueden emplear injertos (aloinjertos o autoinjertos) con el fin de reforzar la reparación tendinosa.
    • La combinación de técnicas de refuerzo biológico (colágeno o PRP) con la sutura tendinosa podría mejorar la tasa de cicatrización.
  3. Reparación abierta tradicional
    • Queda reservada para casos muy complejos o cuando no se dispone de la tecnología artroscópica necesaria.
    • Aunque puede ser efectiva, normalmente conlleva una rehabilitación algo más lenta y una cicatriz más extensa.

El pronóstico postquirúrgico depende de la extensión del daño tendinoso, la calidad del tejido y la adherencia del paciente a la rehabilitación posoperatoria. Diversos metaanálisis subrayan que la mayoría de los pacientes logra una mejoría significativa del dolor y la función, recuperando buena parte de su actividad deportiva o laboral previa.


7. Rehabilitación y fisioterapia

La evidencia científica concuerda en que la rehabilitación es la piedra angular para la recuperación funcional del hombro en casos de tendinitis del manguito rotador. El éxito terapéutico no depende exclusivamente de la medicación o la cirugía; un programa de ejercicios sistemático y personalizado es la clave para restablecer la fuerza y la movilidad. A continuación, se detallan las fases y estrategias que han demostrado mayor efectividad.

7.1. Principios generales de la rehabilitación

  1. Individualización
    • Cada paciente presenta un perfil distinto: edad, nivel de actividad, gravedad de la tendinitis, etc. Por lo tanto, el fisioterapeuta debe diseñar ejercicios adaptados y reevaluar continuamente la evolución del paciente.
  2. Progresividad
    • Los ejercicios deben aumentar en dificultad, resistencia y amplitud de movimiento de forma gradual. Avanzar demasiado rápido puede agravar la lesión, mientras que hacerlo muy lento retrasa la recuperación.
  3. Control del dolor
    • La regla general: si un ejercicio causa dolor agudo o persistente, hay que modificarlo o detenerlo para evitar sobrecarga innecesaria.
    • Emplear medidas complementarias como crioterapia, masajes o técnicas de relajación muscular.

7.2. Fases de la rehabilitación

Aunque la duración y denominación de cada fase pueden variar según el protocolo, la mayoría de los programas distinguen tres etapas principales:

Fase 1: Disminución del dolor e inflamación (Fase aguda)

  • Objetivo: Aliviar el dolor, proteger el tendón y mantener un rango de movimiento básico.
  • Ejercicios y técnicas recomendadas:
    • Ejercicios isométricos de baja intensidad para mantener la activación muscular del manguito rotador sin mover en exceso la articulación. Por ejemplo, presionar suavemente la pared con la palma de la mano sin cambiar la posición del hombro.
    • Movilizaciones pasivas o asistidas: El fisioterapeuta o el propio paciente (mediante un bastón o una polea) mueve el brazo dentro de rangos de movimiento seguros.
    • Crioterapia post-ejercicio: Aplicar frío de 10 a 15 minutos tras las sesiones para reducir la inflamación local.

Estudios recalcan la importancia de no prolongar en exceso esta fase, pues la inmovilización prolongada puede ocasionar rigidez y atrofia muscular.

Fase 2: Recuperación de la movilidad y fortalecimiento progresivo (Fase subaguda)

  • Objetivo: Mejorar la amplitud de movimiento, restablecer la fuerza y la estabilidad del hombro de manera progresiva.
  • Ejercicios y técnicas recomendadas:
    1. Ejercicios de rango de movimiento activo: El paciente mueve el brazo de manera activa, ampliando gradualmente la abducción, flexión y rotaciones. Se controlan los rangos para evitar dolor excesivo.
    2. Ejercicios de fuerza progresiva:
      • Uso de bandas elásticas (por ejemplo, bandas de diferente resistencia). Se incorporan rotaciones interna y externa con resistencias leves al inicio, que se incrementan a medida que se consolida la fuerza.
      • Ejercicios concéntricos y excéntricos: Especialmente los excéntricos han demostrado beneficios en la tendinopatía crónica, pues ayudan a estimular la remodelación tendinosa.
    3. Propriocepción y control neuromuscular: Ejercicios en los que el paciente sostiene una pelota medicinal o realiza movimientos en planos inestables (por ejemplo, superficies blandas), mejorando la coordinación entre el hombro, el tronco y la musculatura escapular.

Los ejercicios deben realizarse con una frecuencia de 3 a 5 días por semana, permitiendo un día de descanso o trabajo ligero entre sesiones intensas.

Fase 3: Retorno a la función y prevención de recaídas (Fase de consolidación)

  • Objetivo: Lograr que el hombro recupere la fuerza máxima o la necesaria para desempeñar las actividades cotidianas, laborales o deportivas.
  • Ejercicios y técnicas recomendadas:
    1. Fortalecimiento avanzado: Aumentar la resistencia de las bandas elásticas, introducir pesas ligeras, máquinas de poleas y ejercicios multiarticulares (por ejemplo, press militar modificado, siempre con supervisión).
    2. Ejercicios pliométricos (para deportistas): Lanzamiento de balón medicinal, rotaciones explosivas controladas, etc.
    3. Simulación de gestos deportivos o laborales: Si el paciente es tenista, introducir el gesto de saque de manera progresiva; si es pintor, ejercicios específicos de elevación mantenida del brazo y control escapular.
    4. Programas de prevención: Resaltar
    5.  
    6.  la necesidad de enseñar al paciente rutinas de calentamiento, estiramiento y fortalecimiento que sigan practicando a largo plazo para reducir el riesgo de recaída.

7.3. Herramientas y técnicas adicionales en fisioterapia

  • Terapia manual:
    • Incluye movilizaciones articulares suaves, estiramientos específicos y liberación miofascial para disminuir tensiones.
    • La combinación de ejercicios activos con terapia manual aporta mejores resultados que cada uno por separado.
  • Electroterapia y ultrasonido:
    • Pueden emplearse como coadyuvantes para disminuir el dolor y mejorar la circulación en la zona tendinosa; sin embargo, la evidencia más reciente indica que deben combinarse con ejercicios activos para un efecto óptimo.
  • Kinesiotaping:
    • Aplicar vendajes neuromusculares puede mejorar la propiocepción y ofrecer un soporte ligero a la musculatura escapular, si bien su eficacia a largo plazo es variable y depende de su adecuada colocación.

7.4. Importancia de la educación al paciente

La adherencia del paciente a las pautas de fisioterapia resulta crucial. Si el paciente no comprende la importancia de la progresión de ejercicios y de la corrección de la postura, el riesgo de abandonar el tratamiento es elevado. Una buena comunicación con el profesional sanitario y la práctica constante de los ejercicios en el hogar marcan la diferencia entre una recuperación exitosa y una cronicidad de la lesión.


8. Nuevos abordajes terapéuticos y avances en la investigación

Los últimos años han presenciado un auge en terapias avanzadas para la tendinitis del manguito rotador:

  • Terapias celulares: Uso de células madre mesenquimales para promover la regeneración tendinosa.
  • Biomateriales e injertos: Membranas ricas en colágeno o poliuretano para mejorar la cicatrización en roturas amplias.
  • Reparaciones asistidas por robótica en cirugía artroscópica, que optimizan la precisión quirúrgica.
  • Telemedicina y telerrehabilitación: Plataformas digitales para supervisar remotamente el progreso de los ejercicios, algo muy valorado en la pandemia de COVID-19 y que se ha quedado como una práctica complementaria.

Aunque los resultados preliminares son prometedores, muchos de estos abordajes requieren ensayos clínicos a largo plazo para consolidar su eficacia y seguridad.


9. Prevención: hábitos y ejercicios recomendados

Evitar la tendinitis del manguito rotador no siempre es posible, pero las guías consensuadas recomiendan:

  1. Calentamiento y estiramientos:
    • Realizar al menos 5-10 minutos de calentamiento antes de entrenar.
    • Estirar suavemente el manguito rotador tras la actividad física.
  2. Fortalecimiento equilibrado:
    • Ejercicios específicos para los cuatro músculos del manguito, sin descuidar la musculatura escapular y dorsal.
    • Ejercicios con bandas elásticas o pesas ligeras para rotación interna y externa.
  3. Técnica deportiva adecuada:
    • Asesorarse con un entrenador o fisioterapeuta si se practica deporte de lanzamiento o natación de competición.
    • Evitar sobreentrenamientos y respetar los periodos de descanso.
  4. Buena ergonomía en el trabajo:
    • Ajustar la altura de mesas y herramientas para reducir la elevación repetida de los brazos.
    • Descansos periódicos para relajar la musculatura.
  5. Mantener un estilo de vida saludable:
    • Controlar el sobrepeso y evitar el tabaquismo.
    • Revisiones médicas periódicas para detectar precozmente cualquier alteración.

10. Preguntas frecuentes de los pacientes

  1. ¿La tendinitis del manguito rotador se cura por completo?
    • Con un tratamiento y rehabilitación adecuados, en la mayoría de los casos se logra una recuperación muy buena, aunque en tendinopatías crónicas es posible que queden leves molestias puntuales.
  2. ¿Necesitaré cirugía obligatoriamente?
    • No siempre. Muchos pacientes mejoran con rehabilitación y tratamientos conservadores. La cirugía se indica sobre todo en roturas graves o cuando no se logra alivio tras varios meses de tratamiento.
  3. ¿Cuánto tiempo tardaré en recuperarme?
    • Depende de la gravedad de la lesión y de la disciplina con la fisioterapia. Casos leves pueden mejorar en semanas, mientras que casos crónicos o postquirúrgicos pueden requerir varios meses.
  4. ¿Puedo seguir haciendo ejercicio físico?
    • Es importante seguir pautas específicas de ejercicios bajo supervisión de un fisioterapeuta, evitando aquellas actividades que agraven el dolor en la fase aguda. La vuelta al deporte competitivo debe ser progresiva.
  5. ¿Qué ejercicios puedo hacer en casa para prevenir recaídas?
    • Ejercicios con banda elástica para rotaciones interna y externa, fortalecimiento del deltoides y la musculatura escapular. Conviene recibir instrucciones personalizadas.

11. Conclusión

La tendinitis del manguito rotador es una de las lesiones más frecuentes en el hombro, especialmente en personas que realizan movimientos repetitivos o prácticas deportivas intensas. Gracias a los estudios más recientes, conocemos mejor los factores que contribuyen a su aparición y contamos con opciones de tratamiento cada vez más eficaces y personalizadas.

El éxito terapéutico no depende únicamente de fármacos o infiltraciones; la piedra angular es una rehabilitación adecuada, que incluya ejercicios de fortalecimiento, corrección postural y cambios en los hábitos diarios. El objetivo final es conseguir que el paciente recupere la funcionalidad de su hombro y disfrute de una buena calidad de vida.

Si bien la información aquí expuesta resulta de gran ayuda, cada caso debe ser valorado de forma individual por un experto. Si te preocupa un dolor persistente en el hombro o sospechas de una tendinitis del manguito rotador, no dudes en contactar con el Dr. Eugenio Díaz, Traumatólogo Especialista, para recibir asesoramiento y tratamiento personalizado.

 

 

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