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Epicondilitis y epitrocleítis

Epicondilitis o codo de tenista: ¿qué es?

La epicondilitis o comúnmente llamada “codo de tenista” es una tendinitis insercional de los tendones extensores del antebrazo, (fundamentalmente el extensor radial del carpo) en la protuberancia ósea externa del codo, llamada epicóndilo. Suele estar relacionada con la sobrecarga, desequilibrios musculares o microtraumatismos repetitivos a nivel de muñeca y antebrazo, provocando inflamación en la inserción de los músculos extensores en el codo. También se relaciona con determinadas profesiones como pintores, Jardineros, Tenistas, personal de limpieza o cualquier persona que realice movimientos repetitivos de agarre y levantamiento. En ocasiones aparecen micro-roturas en la inserción del tendón o calcificaciones, lo que puede cronificar la lesión y retrasar su resolución.

¿Y la epitrocleítis?

La Epitrocleítis, por su parte, supone la inflamación de la musculatura flexora de la muñeca y antebrazo en la zona de inserción ( prominencia ósea interna del codo llamada epitróclea ). Es más frecuente en profesiones que impliquen sobrecarga física frecuente y es característica en jugadores de golf y lanzadores. Se denomina comúnmente “codo de golfista”.

¿Cuáles son los síntomas de la epicondilitis y de la epitrocleítis?

El paciente suele consultar al Traumatólogo cuando el dolor está presente durante varias semanas y no ha cedido con reposo o antiinflamatorios.

Los síntomas más frecuentes son dolor desde la zona lateral del codo hacia el antebrazo y en ocasiones aparece cierta debilidad cuando agarramos algún objeto o hacemos alguna actividad que implique flexión o rotación de la muñeca.

Ambos problemas comienzan de forma gradual y se agravan de forma progresiva. Inicialmente suele aparecer dolor ante actividades y esfuerzos. Es frecuente la aparición de debilidad y sensación de pérdida de fuerza al realizar esfuerzos. Con el tiempo el dolor progresa hasta aparecer en reposo, con inflamación en torno a la articulación del codo hasta llevar a una limitación de las funciones habituales del paciente.

En el codo de Golfista o epitrocleítis aparece dolor en la cara interior del codo y pueden aparecer parestesias o menor sensibilidad en el 4 y 5 dedos de la mano, así como dolor al flexionar la muñeca o agarrar objetos.

¿Cómo se diagnostican el codo de tenista y la epitrocleítis?

Habitualmente la exploración física puede ayudar a sugerir estos problemas. Es característico el dolor a la presión directa en el epicóndilo o la epitróclea y en la inserción tendinosa de los flexores o extensores del antebrazo. En la epicondilitis aparece dolor a uno o dos centímetros del epicóndilo cuando se flexiona la muñeca contra resistencia. La ecografía nos puede ayudar a confirmar el engrosamiento del tendón, la entesopatía de inserción y puede detectar microrroturas o calcificaciones secundarias. Igualmente nos sirve para controlar la evolución del proceso y la efectividad del tratamiento.

¿Cuál es el tratamiento de la epicondilitis y la epitrocleítis?

Tratamiento conservador y restauración muscular

El tratamiento mediante terapias antiinflamatorias y ejercicios suele dar buena respuesta, aunque la recuperación completa del codo de tenista y/o la epitrocleítis puede suponer semanas o meses de tratamiento. Es importante reducir o modificar la actividad que pueda ser causa del problema. Los ejercicios ayudan a conseguir el reequilibrado muscular y a fortalecer la musculatura antebraquial, claves para la mejora de la inflamación en la zona de inserción. Es importante crear una rutina de ejercicios, y ser constante durante varias semanas para conseguir resolver el problema. Podemos ayudar con una terapia antiinflamatoria vía oral, insistiendo en que rara vez la terapia antiinflamatoria de forma exclusiva será capaz de resolver el problema. El hielo tras los ejercicios puede ser útil para reducir el dolor y la inflamación.

El tratamiento fisioterápico combinado puede ayudar a acelerar el proceso de recuperación mediante tratamientos locales para el control de la inflamación y terapia de restauración muscular antebraquial.

Igualmente se pueden utilizar dispositivos ortopédicos o vendajes funcionales para ayudar a la reducción de la tensión muscular sobre la inserción tendinosa, sobre todo en pacientes que necesitan continuar con su actividad laboral.

Tratamiento mediante técnicas de infiltración

Las técnicas de infiltración suelen reservarse para casos altamente limitantes, gran descompensación inflamatoria o cuando han fracasado las terapias previas. Suelen utilizarse combinaciones de anestésico locas con corticoides de depósito, que ayudarán al control de la inflamación durante varias semanas.

Tratamiento con ondas de choque

La terapia mediante ondas de choque está indicada en casos refractarios, que no han dado respuesta a tratamientos previos, fisioterapia, ejercicios, incluso infiltraciones.

Se utiliza mediante una sonda aplicada en la piel, penetrando las ondas varios centímetros hacia la lesión. Han mostrado regeneración vascular y regeneración de tejidos, mediante la estimulación de los fibroblastos (células que promueven la cicatrización). Ha mostrado resultados muy satisfactorios en entesopatías, remitiendo el dolor crónico a las pocas semanas del inicio de tratamiento.

Cirugia

La cirugía, bien abierta o artroscópica se debe reservar para fracasos terapéuticos a las diferentes opciones técnicas disponibles. Se suele realizar desbridamiento de tejidos desvitalizados o fibróticos a nivel insercional del extensor radial del carpo.

"Mi Compromiso es tu Salud y el Trabajo en Equipo. Intentaré explicarte qué es lo que te ocurre y trabajaremos juntos para resolver el problema. "


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